El jueves 20 de agosto, en una reunión convocada en la ciudad de Guatemala por el Frente Amplio por la Democracia (FAD), dos partidos políticos y uno en formación firmaron un documento que se llama “Pacto Democrático por Guatemala. Unidad Nacional para la Democracia y la Transformación del País”. El FAD es una instancia unitaria de carácter no electoral integrada por hombres y mujeres que no tienen ninguna aspiración a puestos de representación popular y cuya principal preocupación es que en las próximas elecciones se articule una alianza de partidos políticos que impidan el regreso al Poder Ejecutivo de la alianza delincuencial conocida coloquialmente como el Pacto de Corruptos y logre una mayoría parlamentaria que le dé gobernabilidad a un eventual gobierno animado por la decencia y el combate a los poderes delincuenciales que impregnan al Estado en Guatemala.
Además de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), WINAQ y el partido en formación Somos Dignidad, firmaron el acuerdo diversas organizaciones sociales que estuvieron presentes en el evento y asistentes al mismo en lo personal. El partido VOS estuvo presente en la reunión a través de su dirigente, Carlos Barreda, quien expresó que llevaría el documento a su formación política para someterlo a su aprobación. Pese a formar parte del comité organizador del evento, Semilla finalmente no suscribió el documento por problemas organizativos internos. Otro partido en formación, la disidencia de Semilla, Raíces, encabezado por Samuel Pérez, fue invitado en diversas ocasiones a asistir a las reuniones preparatorias, pero las declinó, hasta donde sé, sin explicación alguna. El partido en formación Dignidad, que está animado por la organización social Comité de Desarrollo Campesino (CODECA), expresó con franqueza desde el principio que no estaba interesado en el proyecto.
La cifra es pequeña si tomamos en cuenta que en Guatemala existen 25 partidos inscritos y 20 más en formación. Es significativa si tomamos en cuenta que, de esos 45 partidos inscritos o en formación, solamente siete pueden ser considerados como opositores al Pacto de Corruptos: URNG, WINAQ, VOS, Semilla, Raíces, Somos Dignidad y Dignidad. La fuerza real de todas estas agrupaciones puede verse en su presencia parlamentaria: 23 diputados divididos ahora entre Semilla y su escisión Raíces; 4 diputados de VOS y una diputada de URNG-WINAQ. En total, 28 de 160 diputados. La debilidad parlamentaria se acentúa porque el Pacto de Corruptos logró quitarle el registro legal a Semilla, el partido del presidente Arévalo.
Diversos asistentes al evento del 20 de junio, una vez leído el documento, hicieron uso de la palabra y, en términos generales, puede decirse que aceptaron la necesidad de una alianza que evite el regreso al gobierno de la alianza delincuencial y corrupta que fue desplazada del mismo en las elecciones de 2023. Se pronunciaron por una alianza lo más amplia posible, en la cual se antepongan el rescate del Estado como encarnación de lo público y la defensa de la democracia por encima de las particulares banderías políticas y preferencia ideológicas. También se les hizo ver a los partidos políticos presentes que, caminando solos, probablemente no logren sobrevivir. Particular mención me merece la intervención de Daniel Pascual, quien hizo un llamado a defender los bienes comunes de la nación y reprochó a los partidos políticos que dejen solas a las organizaciones sociales una vez conseguidos sus intereses.
El documento “Pacto Democrático por Guatemala” parte de reivindicar los Acuerdos de Paz de 1996, se reconoce en las grandes movilizaciones sociales de 2015 y 2023 que lucharon por la democracia y contra la corrupción y plantea la unidad para defender la democracia, la lucha contra la corrupción y el fortalecimiento del Estado de derecho. Considera que el principal problema del país es la profunda desigualdad que se observa y plantea varios principios, entre ellos, la defensa irrestricta de la democracia, la lucha contra la corrupción, el Estado al servicio del pueblo y el bien común, construcción de un Estado plurinacional, pluricultural y multilingüe, igualdad y justicia, respeto a los derechos humanos y defensa de la soberanía nacional.
Los firmantes del pacto se comprometen a luchar por diez compromisos políticos: la unidad de las fuerzas progresistas y democráticas; una propuesta programática común; rechazar la corrupción, el clientelismo y la violencia política; mecanismos colectivos para la toma de decisiones; diálogo democrático para resolver diferencias; agenda municipal y legislativa compartida; autonomía de las organizaciones integrantes; participación de mujeres, jóvenes y pueblos indígenas y, finalmente, defensa de la democracia ante cualquier regresión autoritaria.
El “Pacto Democrático por Guatemala” tiene varios desafíos. En primer lugar, el escepticismo que existe en diversos sectores, el cual se ha agravado por los magros resultados del gobierno de Bernardo Arévalo en la lucha contra el Pacto de Corruptos. La parte del pueblo guatemalteco que mayoritariamente se volcó en la segunda vuelta electoral para llevar a Arévalo a la presidencia, en gran medida, se encuentra desencantada ante lo que considera una evidente tibieza para arrancar de las manos de la alianza delincuencial a la Suprema Corte de Justicia, la Corte de Constitucionalidad y, muy particularmente, a la Universidad de San Carlos de Guatemala.
Otro desafío radica en la cortedad de miras que imponen en los partidos sus propias necesidades de sobrevivencia. Aun los partidos que se supone que están en contra del Pacto de Corruptos están pensando, sobre todo, en sus propias fórmulas presidenciales como un medio para mantener su registro y lograr al menos un diputado de los 160 que tiene el Congreso. Este hecho camina en contra de lo que el Frente Amplio por la Democracia se planteó como un objetivo principal: lograr una alianza multipartidaria con una candidatura presidencial común.
En los próximos meses, el Frente Amplio por la Democracia deberá hacer esfuerzos denodados porque las necesidades supremas de la nación se antepongan a los intereses particulares de los partidos y sea posible una participación electoral común. Tendrá que coadyuvar con los partidos y organizaciones sociales a elaborar una propuesta programática común. Habrá de romper el cerco mediático que lo rodea (ninguno de los periódicos nacionales dio cuenta noticiosa de la reunión del 20 de agosto). También estará obligado a vencer a los escépticos que no es el mejor camino el refugiarse en la incredulidad. Guatemala necesita de todo ello.












