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El verdadero peligro para Trump está en casa

¿Ha perdido Trump algo más que las midterm?

La derrota escandalosa de Trump en las midterms norteamericanas tiene pocos precedentes en la historia política de Estados Unidos. En el momento en el que se escriben estas líneas, el Partido Demócrata tiene garantizados 250 diputados en la Cámara de Representantes. Si contamos los distritos en disputa, pero en los que los Dems tienen ventaja, sube a 257.

En este caso, la disputa por la Cámara Baja dibuja un escenario en el que la oposición cuenta con 257 asientos, el Partido Republicano con 170 y hay 8 bancas realmente en empate técnico. Escaño arriba, escaño abajo, es una hecatombe. El desastre electoral del movimiento MAGA está a la altura de los más sangrantes vuelcos parlamentarios de la historia legislativa del país tras la Segunda Guerra Mundial.

Si concedemos al Grand Old Party esos 8 diputados en empate técnico, tendría 178, 52 menos de los que obtuvo hace dos años. En 1958, el vuelco fue de 50; en 1994, fue de 54; en 1946, fue de 56; en 2010, fue de 63; y en 1938, fue de 72. En esos casos históricos se mueve la debacle trumpista.

Ni siquiera un Congreso radicalmente demócrata, con más de 260 diputados opositores y 56 senadores, puede soñar con un impeachment al presidente Trump.

Pero, ciertamente, ni siquiera un Congreso radicalmente demócrata, con más de 260 diputados opositores y 56 senadores, puede soñar con un impeachment al presidente Trump. Solo una desbandada traicionera de decenas de legisladores republicanos podría facilitar este escenario. Esto, en cualquier caso, no significa que Trump no esté en jaque, independientemente de la ligereza con la que habla de convertirse en Mr. Veto.

La unidad de acción del Partido Republicano en torno a Donald Trump, al trumpismo y al movimiento MAGA (Make America Great Again) ha estado, en todo momento, ligada a sus éxitos electorales. Si bien existe una base convencida, tanto en los estratos más bajos del Grand Old Party como entre sus dirigentes, legisladores o gobernadores, hay otros muchos que se acostaron conservadores, se despertaron trumpistas y se pueden volver a convertir tantas veces como sea necesario para conservar su posición en un engranaje partidario que constituye su modo de vida y su plataforma para la acumulación de capital de sí mismos y de sus representados.

Hablando en plata: si el movimiento MAGA deja de ser un activo electoral sólido y se convierte en un aspecto tóxico, nada garantiza su continuidad como pata hegemónica del Partido Republicano. De hecho, nada garantiza siquiera que siga existiendo como facción después de 2028.

Dentro de aproximadamente un año y medio, los dos grandes partidos de la política estadounidense tendrán que someterse a sus particulares primarias para determinar quién será su candidato a la Casa Blanca y, por extensión, qué ala rige los destinos de su organización política. Si Trump asaltó el Grand Old Party en 2016 aprovechando la crisis de representación de los dirigentes del partido, ¿por qué no puede ocurrir exactamente eso en su contra en esta ocasión?

Por mucha presión que los demócratas puedan ahora ejercer contra la Casa Blanca, en ningún caso serán capaces de bloquear por completo el accionar de Trump.

Los que ayer eran fervientes trumpistas pueden empezar a dudar; los que eran pro-MAGA por interés coyuntural pueden soltar la mano al presidente y a todo su entorno. Los presidenciables que ayer no se animaban a competir con el todopoderoso jefe de la Casa Blanca en unas primarias nacionales pueden empezar a tejer apoyos internos para desbancar a Vance, Rubio o a quien quiera que vaya a ser el representante de Trump en las primarias.

Ron DeSantis, gobernador de Florida —uno de los pocos estados que ha aguantado la embestida azul—, ha deslizado críticas que eran prácticamente impensables hace una semana. “Si el Partido Republicano no tiene Texas como su ancla, no seremos viables a nivel nacional en adelante”. Y también se ha desahogado: “No creo que sea correcto hablar de una ola demócrata; es el equivalente político al impacto de un meteorito alrededor de todos los Estados Unidos, tanto los estados azules como los rojos y todo aquello que hay en medio”.

También ha dicho que lo ocurrido “está cerca de ser un evento extintivo para los republicanos en muchas partes del país” y refleja “el rechazo a los republicanos de Washington”. Antes que él, voces menores —como el think tank The American Conservative— habían empezado a soltarle la mano a Trump.

La cautela exige pensar que no habrá decenas de diputados y más de diez senadores dispuestos a facilitar a los demócratas el éxito en un impeachment. También permite asumir que, por mucha presión que los demócratas puedan ahora ejercer contra la Casa Blanca, en ningún caso serán capaces de bloquear por completo el accionar de Trump. Pero quizá sea momento de dejar de hablar del sucesor de Trump como líder del movimiento MAGA para hablar más de la línea sucesora del movimiento MAGA como motor del Partido Republicano.

Fotografía: Diario Red

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