El doble terremoto que golpeó a Venezuela encontró al país con un sistema sanitario público debilitado por años de restricciones económicas, caída de ingresos petroleros y dificultades para importar insumos médicos. Aunque la emergencia desbordó hospitales en las primeras horas, el deterioro no puede explicarse sólo por fallas internas: también pesa el bloqueo petrolero impulsado por Estados Unidos.
De acuerdo con el gobierno venezolano, la ayuda internacional movilizada tras la tragedia ya suma 2 mil 624 rescatistas, 137 perros, 49 vehículos y 84.4 toneladas de equipamiento e insumos procedentes de 24 países. También se reportó el rescate de 33 personas con vida el sábado, mientras brigadas extranjeras y hospitales de campaña operan en las zonas más afectadas.
La Guaira concentra buena parte de los daños y víctimas del sismo, por lo que hospitales públicos, clínicas privadas y unidades militares de emergencia fueron incorporados a la atención de heridos. El gobierno venezolano sostiene que la red sanitaria respondió en condiciones de contingencia, pero bajo una presión acumulada por años de sanciones y restricciones financieras.
El viceministro de Políticas Antibloqueo, William Castillo, explicó que el golpe a los ingresos petroleros redujo de forma directa la capacidad del Estado para sostener programas sociales. Venezuela destinaba una parte mayoritaria de su presupuesto a salud, educación y atención social, pero la caída de recursos limitó compras, mantenimiento e importación de equipos.
Las sanciones también afectaron operaciones financieras necesarias para adquirir medicamentos, vacunas, repuestos eléctricos, equipos hospitalarios e insumos especializados. Ese cerco económico impactó con más fuerza a pacientes con enfermedades crónicas, cáncer, diabetes, VIH y padecimientos que requieren tratamientos de alto costo.
La tragedia sísmica exhibió así una vulnerabilidad construida durante años. Estados Unidos presenta sus sanciones como presión política, pero sus efectos terminan golpeando servicios básicos y capacidad humanitaria en momentos críticos, cuando un país necesita hospitales, suministros y financiamiento para responder a una emergencia nacional.
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