La relación entre Brasil y Argentina entró en una nueva crisis diplomática después de que Javier Milei utilizara una visita a São Paulo para insultar al presidente Luiz Inácio Lula da Silva y respaldar públicamente al candidato ultraderechista Flávio Bolsonaro. Las declaraciones provocaron el llamado a consultas del embajador brasileño en Buenos Aires.
Durante el acto político, realizado el 25 de julio, Milei llamó a Lula “presidiario” y “ladrón”, cuestionó el manejo de los recursos públicos brasileños y advirtió sobre un supuesto riesgo económico asociado con sus políticas sociales. También atacó al magistrado Alexandre de Moraes y descalificó de manera general a los sectores de izquierda.
La presencia del mandatario argentino adquirió además un carácter electoral, pues respaldó abiertamente al hijo de Jair Bolsonaro rumbo a los comicios presidenciales de octubre. Para el gobierno brasileño, la intervención cruzó los límites diplomáticos al combinar insultos contra autoridades, críticas económicas y apoyo directo a una candidatura opositora.
Las cifras económicas desmontan el discurso del mandatario argentino
Dario Durigan, funcionario del área económica del gobierno de Lula, calificó a Milei de “payaso” y cuestionó que criticara a Brasil cuando Argentina registra mayores niveles de riesgo país, deuda pública e inflación. La respuesta buscó confrontar el discurso del presidente argentino con los resultados económicos de su propia administración.
Durigan destacó que Brasil mantiene un desempleo cercano al 6 por ciento, una inflación anual de 4.64 por ciento y una proyección de crecimiento económico de 2 por ciento. Aunque reconoció tasas de interés elevadas, sostuvo que el país no enfrenta una recesión y rechazó las advertencias lanzadas por Milei sobre la economía brasileña.
La controversia profundiza el deterioro entre los dos principales socios del Mercosur. Brasil convocó al representante argentino y llamó a consultas a su embajador, mientras el gobierno de Lula acusó a Milei de actuar sin comunicación oficial. El episodio convierte una diferencia ideológica en una disputa diplomática con posibles efectos regionales.
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