Keiko Fujimori juró este martes 28 de julio como presidenta de Perú para el periodo 2026-2031, durante una ceremonia celebrada ante el Congreso. La dirigente conservadora llegó finalmente al poder después de tres campañas presidenciales fallidas y de imponerse por un margen estrecho en las elecciones de junio, convirtiéndose además en la primera mujer elegida por voto popular para encabezar el país.
Frente a un crucifijo y con una Biblia, la nueva mandataria se comprometió a respetar la Constitución, defender la soberanía nacional y preservar la independencia de los poderes del Estado. También aseguró que su administración buscará proteger la democracia, la libertad y el territorio peruano durante los cinco años que permanecerá al frente del Ejecutivo.
Fujimori sostuvo que respetará la libertad de culto, aunque concedió un lugar destacado a la Iglesia católica dentro de la formación moral y cultural de Perú. Su investidura formaliza un nuevo giro a la derecha en la región y coloca nuevamente al apellido Fujimori en el centro del poder político peruano, tras una de las elecciones más cerradas de la historia reciente.
El fujimorismo regresa al poder bajo el peso de su legado autoritario
La llegada de Keiko representa el retorno de una de las dinastías políticas más polarizantes de Perú, más de dos décadas después del colapso del gobierno de Alberto Fujimori, quien dejó el poder en medio de un escándalo de corrupción y posteriormente fue condenado por violaciones a los derechos humanos. Ese legado continúa dividiendo a quienes respaldan su política autoritaria y a quienes recuerdan los abusos cometidos durante su régimen.
Durante la campaña, la nueva presidenta prometió aplicar una estrategia de mano dura contra la delincuencia, con medidas inspiradas en políticas de seguridad implementadas en El Salvador. Su discurso priorizó el orden, la autoridad y el endurecimiento de las respuestas penales, aunque organizaciones y dirigentes opositores han advertido sobre la necesidad de evitar retrocesos en derechos humanos.
Fujimori inicia su mandato en un país profundamente polarizado, con protestas, desigualdades regionales y un Congreso fragmentado. Fuerza Popular tendrá el bloque minoritario más numeroso, pero deberá negociar para gobernar. Su principal desafío será demostrar que el retorno de la derecha no repetirá las prácticas autoritarias asociadas históricamente con el fujimorismo.
Foto: Redes












