El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, afirmó que Cuba tiene un impacto directo en la seguridad nacional de Estados Unidos debido a su cercanía geográfica, durante declaraciones ofrecidas en Manila, Filipinas, donde participó en las reuniones de ministros de Asuntos Exteriores de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático. El funcionario sostuvo que la situación interna de la isla representa un riesgo para Washington.
Rubio utilizó la posibilidad de una nueva salida masiva de migrantes cubanos como argumento para reforzar su postura contra La Habana. Según explicó, la inestabilidad de un país situado a unos 145 kilómetros de las costas estadounidenses puede generar consecuencias migratorias y políticas, por lo que aseguró que el gobierno de Donald Trump aplicará las medidas que considere necesarias para impedirlas.
El jefe de la diplomacia estadounidense también descalificó al gobierno cubano y responsabilizó exclusivamente a su modelo económico de la crisis que atraviesa el país. Sin embargo, su discurso omitió que Washington mantiene sanciones financieras y restricciones sobre los envíos de petróleo hacia Cuba, medidas que han contribuido a profundizar los apagones, el desabasto y las dificultades económicas que después utiliza para cuestionar a la isla.
Washington convierte la crisis cubana en argumento para intervenir
Al ser cuestionado sobre la posibilidad de un cambio de gobierno en Cuba antes de concluir 2026, Rubio reconoció que Estados Unidos no cuenta con un calendario definido para una eventual transición política, aunque expresó su deseo de que ocurra cuanto antes. La declaración refuerza la presión abierta de la administración Trump para modificar el sistema político cubano, pese a que corresponde a su población decidir el rumbo del país.
Rubio ya había señalado en mayo que las posibilidades de alcanzar un acuerdo negociado con Cuba eran reducidas, mientras Washington intensificaba su campaña contra el gobierno de La Habana. En respuesta, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, acusó al funcionario estadounidense de utilizar señalamientos sobre seguridad nacional para promover una agresión y construir la idea de que Cuba representa una amenaza, postura rechazada por las autoridades de la isla.
El discurso estadounidense ocurre al mismo tiempo que Washington envió el primer cargamento de un paquete de ayuda humanitaria por 100 millones de dólares, entregado mediante organizaciones religiosas. La asistencia contrasta con una política que ofrece alimentos y productos de higiene a cientos de familias mientras mantiene sanciones y restricciones económicas contra millones de cubanos, una contradicción que Rubio evitó abordar durante sus declaraciones en Manila.
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