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Desde 2018, México coopera con más de 100 extradiciones y traslados a EE.UU.; Washington no entrega a nadie y bloquea casos clave

El contraste exhibe una cooperación desigual: México entrega perfiles de alto impacto y EE.UU. mantiene congelados expedientes de relevancia nacional

Mientras Estados Unidos exige a México cooperación judicial inmediata, Washington no ha concretado ninguna de las 269 solicitudes mexicanas de extradición presentadas desde 2018. En contraste, México sí ha enviado a territorio estadounidense al menos 113 personas confirmadas entre enero de 2018 y mayo de 2026, entre extradiciones formales, entregas individuales y traslados especiales.

La cifra mexicana no representa el total real, sino un piso mínimo verificable con casos documentados públicamente. De esas 113 personas, 92 corresponden a tres operaciones masivas recientes: 29 personas entregadas en febrero de 2025, 26 más en agosto de 2025 y 37 en enero de 2026. El número podría ser mayor, porque no todos los expedientes se difunden con el mismo nivel de detalle, algunas entregas se registran como expulsiones o traslados especiales, y ciertos casos aparecen en cortes estadounidenses sin una comunicación pública equivalente por parte de autoridades mexicanas.

El dato exhibe una asimetría difícil de justificar. México ha procesado solicitudes estadounidenses de alto impacto y ha entregado a perfiles reclamados por narcotráfico, homicidio, armas, lavado de dinero, tráfico de personas y delincuencia organizada. Estados Unidos, en cambio, mantiene sin concretar una sola de las 269 solicitudes mexicanas presentadas entre el 1 de enero de 2018 y el 13 de mayo de 2026, de acuerdo con lo informado por la presidenta Claudia Sheinbaum y la Cancillería mexicana.

Las solicitudes mexicanas que Washington mantiene detenidas

De los 269 requerimientos presentados por México, 36 fueron rechazados y 233 permanecen pendientes. Dentro de estos últimos, 183 corresponden a solicitudes formales de extradición y 50 a peticiones de detención provisional con fines de extradición. En 47 casos, Estados Unidos pidió información adicional antes de continuar con el procedimiento.

La lista no está integrada por expedientes menores. Entre los casos exhibidos aparecen perfiles relacionados con investigaciones por delincuencia organizada, operaciones con recursos de procedencia ilícita, presuntos fraudes millonarios, trata de personas y el caso Ayotzinapa.

Uno de los nombres más relevantes es el de Francisco Javier García Cabeza de Vaca, exgobernador de Tamaulipas, reclamado por México por uso ilícito de atribuciones y facultades, delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita. En este expediente, Estados Unidos solicitó información adicional antes de avanzar.

También figura Víctor Manuel Álvarez Puga, señalado en investigaciones relacionadas con redes de facturación irregular y desvío de recursos públicos. De acuerdo con la información difundida sobre la conferencia presidencial, la solicitud de detención provisional fue negada bajo el argumento de que el delito imputado no era considerado violento.

Otro expediente relevante es el de Rafael Zaga Tawil y Elías Zaga Hanono, vinculados con el presunto fraude al Infonavit por más de 5 mil millones de pesos. Pese al monto y al impacto público del caso, la respuesta estadounidense también impuso nuevos requisitos antes de avanzar.

El caso Ayotzinapa vuelve todavía más sensible el contraste. México reclama a José Ulises Bernabé García, exjuez de Barandilla de Iguala señalado dentro de las investigaciones por la desaparición de los 43 normalistas, y a Pablo Vega Cuevas, “El Transformer”, presunto integrante de Guerreros Unidos. En ambos expedientes, Washington solicitó información adicional o una petición formal, prolongando procesos relacionados con uno de los crímenes de Estado más graves de la historia reciente mexicana.

A esos casos se suma William “N”, señalado por trata de personas, cuya solicitud también fue negada. En conjunto, los expedientes muestran que los obstáculos impuestos por Estados Unidos no se limitan a casos administrativos o de baja prioridad, sino que alcanzan investigaciones sobre corrupción, crimen organizado, desaparición forzada, explotación de personas y desfalcos millonarios.

México sí ha entregado a Estados Unidos perfiles de alto impacto

El punto central de la crítica no es que México se niegue a cooperar. Al contrario: los casos confirmados muestran que el Estado mexicano ha procesado y ejecutado solicitudes de alto valor para Washington, incluso cuando se trata de perfiles criminales de enorme peso político y mediático.

En julio de 2018, México extraditó a Dámaso López Núñez, “El Licenciado”, excolaborador de Joaquín “El Chapo” Guzmán e identificado como figura clave del Cártel de Sinaloa. Fue enviado a Estados Unidos para enfrentar cargos por narcotráfico en una corte federal de Virginia.

En febrero de 2020, México extraditó a Rubén Oseguera González, “El Menchito”, hijo de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. Su entrega fue una de las más relevantes de ese periodo por el peso del CJNG en la agenda de seguridad estadounidense.

En abril de 2023 fue extraditado Jorge Iván Gastélum Ávila, “El Cholo Iván”, identificado como operador del Cártel de Sinaloa y cercano a Joaquín Guzmán Loera. Meses después, en septiembre de 2023, México extraditó a Ovidio Guzmán López, hijo de “El Chapo” e identificado por Estados Unidos como parte de “Los Chapitos”. El Departamento de Justicia confirmó que fue enviado desde México tras una solicitud estadounidense de detención provisional con fines de extradición.

En mayo de 2024, México extraditó a Néstor Isidro Pérez Salas, “El Nini”, señalado como jefe de seguridad de “Los Chapitos” y acusado en Estados Unidos por narcotráfico, homicidio, secuestro, armas de fuego y lavado de dinero.

La cooperación mexicana se volvió aún más evidente con las entregas masivas recientes. En febrero de 2025, Estados Unidos recibió a 29 personas procedentes de México, entre ellas Rafael Caro Quintero, acusado por el asesinato del agente de la DEA Enrique “Kiki” Camarena; Miguel Ángel Treviño Morales, “Z-40”; Omar Treviño Morales, “Z-42”; y otros presuntos líderes o integrantes de organizaciones criminales.

En agosto de 2025, México permitió una segunda entrega masiva: 26 fugitivos reclamados por Estados Unidos por delitos graves, incluidos narcotráfico, secuestro, tráfico de personas, lavado de dinero y uso ilegal de armas. El Departamento de Justicia informó que se trataba de personas vinculadas con cargos federales y estatales en distintas jurisdicciones estadounidenses.

En enero de 2026 ocurrió una tercera operación de gran escala. Estados Unidos recibió a 37 personas trasladadas desde México, acusadas de delitos relacionados con narcoterrorismo, tráfico de armas, tráfico de personas, lavado de dinero y distribución de metanfetamina, fentanilo y cocaína.

Solo esas tres operaciones suman 92 personas. Si a ellas se agregan extradiciones individuales confirmadas entre 2018 y 2026, el piso mínimo documentado asciende al menos a 113 personas enviadas desde México a Estados Unidos. La cifra podría ampliarse si se incorporan expedientes judiciales no difundidos de manera individual, expulsiones registradas bajo otra figura o entregas reportadas por cortes estadounidenses que no siempre aparecen en comunicados públicos mexicanos.

Una cooperación de una sola vía

La comparación revela una relación profundamente desigual. Cuando Estados Unidos solicita a México la entrega de capos, operadores financieros o integrantes de organizaciones criminales, la presión diplomática suele acompañarse de exigencias públicas, señalamientos de agencias de seguridad y un discurso de urgencia. Pero cuando México pide la entrega de personas investigadas por corrupción, desfalcos, delincuencia organizada o desaparición forzada, Washington responde con rechazos, criterios restrictivos o solicitudes de información adicional.

El problema no es la existencia de requisitos legales. Todo proceso de extradición debe cumplir estándares judiciales, acreditar delitos, órdenes de aprehensión y elementos probatorios. El punto es que Estados Unidos exige rapidez y resultados cuando sus cortes reclaman a personas ubicadas en México, pero no muestra la misma disposición cuando los casos afectan a víctimas mexicanas, recursos públicos mexicanos o investigaciones abiertas por autoridades mexicanas.

Ahí está la contradicción política. Washington reclama cooperación frente al fentanilo y el crimen organizado, pero no ha concretado la entrega de personas vinculadas con investigaciones mexicanas de alto impacto. Exige extradiciones de capos, pero frena casos de desvíos millonarios. Presiona por seguridad fronteriza, pero demora expedientes relacionados con Ayotzinapa. Pide confianza institucional, pero responde con desconfianza procesal cuando el solicitante es México.

La discusión, entonces, no se reduce a una disputa técnica entre fiscalías o cancillerías. Es una disputa por la igualdad en la relación bilateral. México puede documentar al menos 113 personas enviadas a Estados Unidos desde 2018, y aun así esa cifra representa apenas un mínimo verificable. Estados Unidos, en cambio, no ha entregado a una sola de las 269 personas reclamadas por México en el mismo periodo.

La falta de reciprocidad erosiona el principio básico de cooperación judicial. Si la justicia internacional funciona solo cuando Washington reclama, pero se congela cuando México exige, la extradición deja de ser un mecanismo bilateral y se convierte en una herramienta de presión unilateral.

Foto: Redes

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