La historia política de México perdió este miércoles 28 de octubre de 2026 a uno de los hombres que contribuyeron a modificar el curso de la vida pública nacional. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano murió a los 92 años, después de una trayectoria que lo convirtió en protagonista de la ruptura del sistema priista, de la controvertida elección presidencial de 1988 y de la construcción de una izquierda con posibilidades reales de disputar el poder.
Ingeniero civil, exgobernador de Michoacán, primer jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal elegido mediante el voto popular y fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Cárdenas ocupó un lugar singular en la historia contemporánea. Nunca llegó a la Presidencia de la República, pero su importancia política no puede medirse únicamente por las elecciones que perdió, sino por los cambios que ayudó a introducir en un sistema acostumbrado a concentrar el poder.
Su muerte cierra una etapa de la transición democrática mexicana.
Nacido el 1 de mayo de 1934 en la Ciudad de México, Cuauhtémoc creció bajo la sombra histórica de su padre, Lázaro Cárdenas del Río, presidente de México entre 1934 y 1940. El general quedó inscrito en la memoria nacional por la expropiación petrolera, el reparto agrario y el fortalecimiento del Estado como conductor de la vida económica y social.
Sin embargo, el hijo construyó su propia trayectoria. Egresado de Ingeniería Civil de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), comenzó su vida profesional en proyectos de planeación y aprovechamiento de recursos naturales en la cuenca del río Balsas. Entre sus responsabilidades figuró la coordinación de los trabajos para la construcción de la presa La Villita, en Michoacán.
Su entrada a la política ocurrió dentro del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en el que militó durante 25 años. En 1976 llegó al Senado de la República y, cuatro años después, asumió la gubernatura de Michoacán, que desempeñó hasta 1986.
Fue en las entrañas del partido gobernante donde comenzó a gestarse la ruptura que definiría su lugar en la historia.

La Corriente Democrática: la fractura que cuestionó al régimen
En 1987, Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez encabezaron la Corriente Democrática del PRI. Su inconformidad apuntaba a uno de los pilares del sistema político mexicano: la concentración de las decisiones en la dirigencia partidista y el control de la sucesión presidencial.
La disputa no era solamente por una candidatura. En el fondo, cuestionaba un mecanismo mediante el cual las cúpulas decidían quién debía gobernar, con escaso margen para la competencia interna.
La ruptura terminó por consumarse. Cárdenas abandonó el PRI y aceptó encabezar una candidatura que reunió a organizaciones de izquierda, fuerzas opositoras y antiguos militantes inconformes con el régimen.
La elección presidencial de 1988 convirtió aquella fractura en un desafío nacional. Como candidato del Frente Democrático Nacional, compitió contra Carlos Salinas de Gortari en unos comicios marcados por la caída del sistema de cómputo, las denuncias de irregularidades y las controversias sobre el resultado oficial.
La victoria fue atribuida a Salinas de Gortari, pero las impugnaciones y la movilización política dejaron una huella profunda. Para amplios sectores de la sociedad, aquella elección evidenció los límites de un sistema que permitía la competencia electoral, aunque mantenía cuestionamientos sobre las condiciones de equidad y certeza en las que se disputaba el poder.
En 1989, Cárdenas participó en la fundación del PRD, una organización que reunió distintas corrientes de la izquierda y se convirtió en una de las principales fuerzas opositoras al PRI. La creación del partido representó un esfuerzo por transformar la inconformidad política en una estructura capaz de competir en las urnas y conquistar espacios de gobierno.

Tres candidaturas presidenciales y una victoria histórica en la capital
Cárdenas volvió a buscar la Presidencia en 1994, en un año atravesado por el levantamiento zapatista, el asesinato de Luis Donaldo Colosio y una profunda crisis política. El priista Ernesto Zedillo obtuvo el triunfo, mientras la candidatura perredista quedó lejos de alcanzar el Ejecutivo federal.
Tres años después, en 1997, Cárdenas consiguió una victoria que modificó el mapa político nacional: ganó la elección para convertirse en el primer jefe de Gobierno del Distrito Federal elegido directamente por los ciudadanos.
Su llegada al gobierno capitalino representó un quiebre en la historia política de la ciudad y confirmó que la izquierda podía gobernar uno de los principales centros políticos y económicos del país. También fortaleció la competencia partidista en un momento en que el sistema político comenzaba a experimentar una transformación más amplia.
En 1999 dejó el cargo para contender por tercera ocasión por la Presidencia. En las elecciones de 2000, Vicente Fox derrotó al priista Francisco Labastida y puso fin a más de siete décadas de continuidad del PRI en el Ejecutivo federal. Cárdenas, nuevamente postulado por una coalición encabezada por el PRD, quedó relegado en una contienda que terminó por confirmar el debilitamiento del antiguo partido hegemónico.
Aunque no alcanzó la Presidencia, su recorrido electoral contribuyó a ensanchar los márgenes de la competencia política. La oposición dejó de ser únicamente una fuerza testimonial y comenzó a consolidarse como una alternativa con presencia territorial, representación legislativa y capacidad de gobierno.
Las diferencias con el PRD y la defensa de una democracia progresista
Con el paso de los años, Cárdenas se distanció de la conducción del PRD hasta presentar su renuncia irrevocable en noviembre de 2014. Su salida ocurrió en medio de la crisis del partido y de la conmoción nacional provocada por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero.
La separación evidenció las diferencias entre el proyecto que había impulsado en sus orígenes y el rumbo que tomó la organización. Sin embargo, no significó su retiro del debate público.
En 2011 recibió la Medalla Belisario Domínguez del Senado de la República, en reconocimiento a su trayectoria y sus contribuciones a la vida democrática. Un año después, durante el gobierno de Miguel Ángel Mancera, asumió la coordinación de Asuntos Internacionales de la administración capitalina, responsabilidad que desempeñó hasta 2018.
En octubre de 2015 impulsó Por México Hoy, una plataforma ciudadana de deliberación política orientada a promover un nuevo pacto social e institucional. Su propósito era abrir un espacio de discusión más allá de las estructuras partidistas y recuperar el debate sobre el modelo de país.
Durante los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación mantuvo una posición independiente y expresó preocupaciones sobre el funcionamiento de las instituciones, la economía, la inseguridad y la pobreza. En su libro Por una democracia progresista, publicado en 2021, desarrolló parte de sus reflexiones sobre la necesidad de fortalecer el Estado de derecho, los contrapesos democráticos y la participación ciudadana.
En 2023 acompañó brevemente el surgimiento de Mexicolectivo, un espacio de participación ciudadana del que posteriormente se deslindó para preservar su autonomía política.

El legado de un hombre entre dos épocas
En los últimos años de su vida, Cárdenas volvió a ocupar un lugar en la discusión energética e intelectual del país. En marzo de 2026 fue nombrado presidente de la Comisión Consultiva de Petróleos Mexicanos (Pemex). Ese mismo año recibió el doctorado honoris causa del Instituto Politécnico Nacional (IPN).
En el ámbito familiar, estuvo casado con Celeste Batel desde 1963 y tuvo tres hijos: Lázaro, Cuauhtémoc y Camila Cárdenas Batel. Su hijo mayor también desarrolló una carrera política propia y gobernó Michoacán entre 2002 y 2008.
La figura de Cuauhtémoc Cárdenas quedó vinculada a dos momentos históricos: la herencia política del general Lázaro Cárdenas y la transformación del sistema de partidos que él mismo contribuyó a impulsar. Entre ambas etapas construyó una trayectoria de rupturas, derrotas electorales, diferencias políticas y conquistas que modificaron la relación entre el poder y la oposición.
Su legado no está exento de controversias ni puede atribuirse a un solo dirigente la democratización del país. En ese proceso participaron movimientos sociales, organizaciones civiles, partidos opositores y generaciones de ciudadanos que exigieron elecciones competitivas y mayores libertades políticas.
Pero Cárdenas ocupó un lugar decisivo en esa historia: rompió con el partido dominante desde su interior, encabezó una candidatura que puso en entredicho la legitimidad de la sucesión presidencial y contribuyó a construir una organización que durante años disputó al PRI el control de espacios estratégicos.
Con su muerte desaparece uno de los protagonistas de la transición democrática de finales del siglo XX. Permanece, en cambio, el significado histórico de su trayectoria: haber demostrado que la hegemonía priista podía ser desafiada y que la izquierda mexicana podía convertirse en una fuerza electoral con posibilidades de gobernar.
Su historia no es solamente la de un hombre que buscó tres veces la Presidencia sin conseguirla. Es también la de un político que, al desafiar las reglas de su propio partido, contribuyó a cambiar las condiciones bajo las cuales México comenzó a disputar y ejercer el poder.

Fotos: Redes












