Lo que parecía un regreso cotidiano a casa terminó convirtiéndose en una experiencia que marcó la vida de Tatiana Aramburo y sus dos hijos. El 12 de enero de 2026, mientras conducía por el Periférico Ecológico de Puebla, un estruendo rompió el cristal de su vehículo y su hijo Elías, de ocho años, comenzó a sangrar. Horas después, los médicos confirmaron que el menor había recibido un impacto de bala que atravesó parte de su rostro. Durante una entrevista en el programa Sobrevivientes, la madre reveló detalles de aquella tarde y de los esfuerzos por salvar la vida de su hijo.
La familia regresaba del colegio después del primer día de clases tras las vacaciones decembrinas. Elías había asistido a su taller de arteterapia y su hermano menor, Esteban, a fútbol. Ambos viajaban con su madre rumbo a una vivienda ubicada a pocos minutos de la escuela. Tatiana recordó que escuchó un ruido extraño y, al observar el asiento trasero, descubrió que la ventanilla estaba destrozada y su hijo tenía una herida en la mejilla derecha. Inicialmente, pensó que una piedra o un objeto pequeño había provocado las lesiones.
«Nunca quieres pensar en una bala», expresó al recordar aquellos instantes. Sin saber qué había sucedido, detuvo su vehículo para revisar al niño, quien permanecía consciente, pero presentaba una intensa hemorragia. Una mujer identificada como Itzel se acercó para ayudarla y condujo a la familia hacia un hospital, mientras Tatiana trataba de tranquilizar a Elías. Su hijo menor también participó en la emergencia al utilizar el teléfono de su madre para comunicarse con sus familiares.
Médicos descubrieron que una bala atravesó el rostro del menor
Durante el traslado, Tatiana intentó mantener la calma pese a desconocer la gravedad de las lesiones. Primero acudieron a una clínica donde les explicaron que no podían atender una emergencia de esa magnitud, por lo que continuaron hacia el Hospital La Paz. Allí, el personal médico comenzó a controlar la hemorragia y realizó las primeras valoraciones. Inicialmente, los especialistas consideraron que las heridas podían estar relacionadas con fragmentos del cristal de la ventana.
Sin embargo, después de ingresar al menor a cirugía, los médicos informaron a sus padres que una bala había entrado por el lado derecho de su rostro y quedado alojada en la mandíbula izquierda. El proyectil también destruyó una muela y provocó una lesión interna que explicaba la abundante pérdida de sangre. Elías permaneció en terapia intensiva, bajo vigilancia médica, mientras los especialistas evaluaban posibles daños adicionales.
«Estoy muerta y aterrada de miedo. No sé qué pasó, pero soy mamá», recordó Tatiana al describir el esfuerzo que realizó para mantenerse tranquila frente a sus hijos. También relató que Esteban, de entonces seis años, le pidió permiso para llorar durante la emergencia, una escena que reflejó el impacto emocional de lo ocurrido.
Revelan nuevos detalles sobre la trayectoria del proyectil
El abogado Erick López, quien asumió la representación legal del menor de manera gratuita, explicó que los estudios médicos permitieron identificar fragmentos de bala y analizar la trayectoria del disparo. Según su valoración preliminar, el proyectil podría corresponder a un arma de calibre nueve milímetros, aunque aclaró que todavía trabajaban para confirmar esa información.
El litigante señaló que las primeras investigaciones incluyeron la búsqueda de cámaras de seguridad y reportes policiales en las inmediaciones del Periférico Ecológico. La intención era reunir elementos que permitieran reconstruir lo sucedido e identificar el posible origen del disparo.
Tatiana aseguró que nunca observó a una persona armada ni alguna situación sospechosa antes del impacto. Dos días después del incidente, Elías pudo ser trasladado a otro hospital, donde continuó su recuperación tras despertar y recuperar la conciencia.
Aunque logró sobrevivir, el caso dejó interrogantes sobre las circunstancias del disparo. Para su familia, conocer lo ocurrido y acompañar la recuperación del menor se convirtieron en prioridades después de una tarde que comenzó como cualquier otra.
Fotografía: Agencia Enfoque












