El cierre del Gobierno federal de Estados Unidos alcanzó este sábado una fase especialmente crítica al expirar los fondos de dos de los programas sociales más importantes del país: la asistencia alimentaria para 42 millones de ciudadanos y los subsidios que mantenían asequibles las pólizas del sistema de salud conocido como Obamacare.
Con el cierre en su día 32, y sin avances en las negociaciones entre republicanos y demócratas en el Senado, millones de estadounidenses se enfrentan a la pérdida inmediata de apoyos esenciales.
El Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP), del que depende uno de cada ocho estadounidenses, se quedó sin fondos desde este sábado. Esto afecta directamente a niños, adultos mayores y personas con discapacidad que dependen de los cupones para acceder a alimentos.
Aunque dos jueces federales ordenaron al Gobierno de Donald Trump buscar fondos de emergencia para sostener el programa, el Departamento de Agricultura aún no ha confirmado si acatará la medida, lo que mantiene en incertidumbre la próxima entrega de los cupones. Expertos advierten que incluso si se autoriza la financiación temporal, reiniciar el sistema de pagos podría tomar varios días, generando retrasos y desabasto alimentario inmediato para millones.
En paralelo, la agencia federal que gestiona los seguros médicos anunció las nuevas primas del Obamacare para 2026, que subirán alrededor de 25 % en promedio tras el fin de los subsidios creados durante la pandemia. Estas ayudas cubrían total o parcialmente las pólizas de quienes ganaban menos de 65.000 dólares al año.
La eliminación de estos apoyos significa que muchas familias podrían quedar sin seguro médico, mientras que quienes logren conservarlo deberán afrontar costos que podrían duplicarse en el próximo ciclo.
El cierre también empieza a impactar otros sectores esenciales. La Administración Federal de Aviación (FAA) enfrenta escasez de controladores aéreos, que forman parte de los 730.000 empleados federales que siguen laborando sin recibir sueldo.
Dos aeropuertos de Nueva York suspendieron temporalmente aterrizajes el viernes, y la mitad de los aeródromos más transitados del país reportaron retrasos significativos por falta de personal. El recuerdo del cierre de 2018-2019 —el más largo hasta ahora— vuelve a generar preocupación, ya que entonces fue precisamente la paralización parcial del tráfico aéreo la que obligó a republicanos y demócratas a pactar.
La parálisis del Gobierno se debe al enfrentamiento entre demócratas y republicanos sobre el presupuesto federal. Los demócratas condicionan su apoyo a la aprobación de una partida que prolongue los subsidios sanitarios del Obamacare, mientras que los republicanos exigen reabrir primero la Administración antes de negociar las ayudas.
Sin señales de acuerdo en el corto plazo, el cierre de Gobierno —que ya roza el récord histórico de duración— amenaza con profundizar la crisis social y económica, afectando tanto la seguridad alimentaria como la estabilidad del sistema de salud en Estados Unidos.

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