Israel profundizó su ofensiva en el sur de Líbano, con bombardeos que destruyeron viviendas y comercios en varias localidades, dejando al menos 19 civiles heridos, entre ellos periodistas. La escalada militar se suma a una serie de ataques que, según el ejército israelí, buscan golpear infraestructura vinculada a Hezbolá.
El ejército libanés calificó los ataques como violaciones flagrantes de la soberanía nacional, mientras voces críticas señalan que el gobierno ha cedido terreno al insistir en el “desarme de armas ilegales” sin exigir garantías a Israel.
El ministro ruso Serguéi Lavrov advirtió que “Israel, según nuestra información, no está interesado en retirar sus fuerzas permanentemente del Líbano”, confirmando que la ofensiva busca consolidar ventajas políticas y militares.
Los bombardeos alcanzaron edificios residenciales en Qanarit, Kfour y Jarjouh, además de zonas fronterizas con Siria en Hermel. La potencia de las explosiones destruyó tres inmuebles y dañó decenas de propiedades.
La ofensiva coincidió con declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump en Davos, donde afirmó que “hay un problema con Hezbolá en el Líbano”. Analistas vinculan estas palabras con una “luz verde” de Washington a Netanyahu para intensificar la presión sobre Beirut.
En respuesta, manifestantes bloquearon calles en Beirut y sus suburbios, denunciando la pasividad del gobierno y exigiendo frenar la agresión israelí. Las protestas se extendieron a la carretera del aeropuerto y la plaza Mushrifieh.
El comandante del ejército Rudolph Heikel aseguró: «Nuestro compromiso con la protección de las fronteras es definitivo… pero requiere apoyo militar cualitativo». Sus declaraciones se dieron en una reunión con representantes de Estados Unidos, Reino Unido y Canadá, en el marco del programa de asistencia para la defensa fronteriza.
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Fotografía: Ali Hashisho













