En un contexto donde la migración infantil continúa siendo un tema sensible en la agenda pública, la presentación del libro “La tierra que nos sueña. Historias de niñas, niños y jóvenes que migran” reabrió el debate sobre la necesidad de reconocer a la niñez como sujeto de derechos y no solo como población vulnerable.
La obra colectiva, escrita por académicas, abogadas, periodistas y escritoras, rinde homenaje a la antropóloga Valentina Glockner Fagetti, cuya investigación transformó la forma de analizar la migración infantil en México y América Latina.
Durante la presentación, especialistas subrayaron que el principal desafío es romper con las decisiones adultocéntricas que históricamente han invisibilizado la voz de niñas, niños y adolescentes en movilidad.
Verónica Macías Andere enfatizó que el reto es construir herramientas colectivas para evitar que los adultos definan el destino de la infancia migrante, mientras que Rosalba Elizabeth Rivera Zúñiga destacó que el libro no solo narra historias, sino que denuncia realidades y busca incidir en políticas públicas de justicia social.
Por su parte, Karla Villaseñor Palma, académica de la BUAP, recordó que el legado de Glockner apuesta por garantizar espacios de seguridad y dignidad para la niñez, incluso en contextos de desplazamiento.

Literatura como herramienta política y social
En el mismo espacio cultural también se presentó “Los colmillos del muertito”, obra de la escritora Lola Ancira, que introduce una propuesta innovadora dentro de la literatura mexicana: la historia de un niño vampiro de origen otomí.
El texto, ilustrado y dirigido a un público amplio, incursiona en el llamado “terror rural”, explorando tensiones universales como vida y muerte, así como la dualidad entre lo humano y lo monstruoso.
Ancira explicó que la figura materna en la historia simboliza la defensa absoluta de la vida, incluso frente a lo desconocido, planteando una narrativa que puede leerse también desde lo social: la aceptación de la diferencia y la protección de lo vulnerable.
Además, la obra retoma influencias de La voz de la sangre, de Gabriela Rábago Palafox, consolidando una línea literaria poco explorada en el país.
Ambas presentaciones coincidieron en un punto clave: la cultura y la literatura no solo reflejan realidades, sino que también pueden influir en la construcción de políticas públicas y en la transformación de imaginarios sociales.

Fotos: BUAP













