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El legado de Petro

El dirigente progresista cambió a Colombia y jugó como jefe de Estado, un papel crucial en la lucha por un mundo digno y en paz

Hace cuatro años, Gustavo Petro se propuso convertir al país en una “potencia de la vida” en tiempos de genocidios y crisis ecológica global. Aunque la práctica común de la prensa corporativa fue proyectar cada acción como una derrota, los indicadores sociales y económicos con los que deja el gobierno reflejan que ese cambio ocurrió.

Un salto social sin precedentes

En lo que toca a la justicia social, el Gobierno saliente se lleva la medalla de oro al sacar a 5 millones de personas de la pobreza monetaria y formalizar a 6,7 millones de trabajadoras que ahora tienen un contrato indefinido, además de recargos dominicales y festivos.

Si bien otros gobiernos desarrollaron apuestas económicas redistributivas —el de José María Melo, Alfonso López Pumarejo, Carlos Lleras Restrepo o Ernesto Samper—, el de Petro destaca por consolidar la apuesta social más ambiciosa de la historia colombiana.

Sobresalen resultados con impacto directo en la vida cotidiana de las personas tales como cubrir el 100% de los municipios del país con equipos de salud preventiva para atender 9 millones de hogares; alcanzar la tasa de desempleo más baja del siglo (9,2% a febrero de 2026 según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística); aumentar a 15 billones de pesos el presupuesto para la educación, garantizando así el acceso gratuito a las universidades públicas para personas de estratos 1, 2 y 3; pasar de un salario mínimo de un millón de pesos a crear el salario vital de 2 millones de pesos, formalizar dos millones de hectáreas de tierras entregando títulos históricos a campesinos y mujeres rurales, implementar un bono pensional para 3 millones de adultos mayores, garantizar el acceso de agua potable a 1,6 millones de personas y el acceso a saneamiento básico a 1,3 millones de colombianas.

Adiós a la deuda

Una de las noticias económicas más destacadas del 2026 fue el pago de la totalidad de la deuda de Colombia con el FMI cercana a los 8 mil millones de pesos. Esto refleja la salud de una economía que consolidó al peso colombiano como la moneda del mundo con mejor desempeño frente al dólar con una apreciación de 9,84% (Bloomberg) a finales de julio.

Otro signo de la buena salud de la economía está en el crecimiento del 8% en la agricultura, la mejor cifra en 46 años para un sector económico que se consolidó como motor de la creciente productividad colombiana y que permitió un récord de abastecimiento de 7,5 millones de toneladas de alimentos en mercados mayoristas y una reducción sostenida del costo de la canasta básica al reducirse la inflación de alimentos de 25,57% en 2022 a 6,27% en marzo de 2026.

Garantizar un mayor acceso a comida a menor precio para más familias colombianas fue una fórmula clave que desarrolló Petro para controlar efectivamente la inflación. Como dice Alfredo Serrano, director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica: “Mejoró la macroeconomía acompañado de una notable mejora de la microeconomía”.

Otra de las grandes promesas de gobierno fue avanzar en la independencia de la economía nacional frente a la explotación y exportación de recursos minero-energéticos. El cumplimiento de este compromiso es evidente: en 2025, las exportaciones no minero-energéticas representaron el 52,6% del total en 2025 (Forbes Colombia) y la entrada de divisas por turismo duplicó la generada a partir de la exportación de carbón.

Colombia como “potencia de la vida”

Petro situó a Colombia en el epicentro de la agenda política global con discursos históricos en foros internacionales como la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Foro Económico Mundial o el G20, donde convocó a la humanidad a frenar el genocidio contra el pueblo palestino; a planificar multilateralmente las acciones para superar el colapso ecológico global; regular la inteligencia artificial; rediseñar las Naciones Unidas; superar la fracasada “Guerra contra las drogas” y la política migratoria de contención e, incluso, a reconstituir La Gran Colombia.

Más allá de los discursos poderosos, en el último cuatrienio se consolidaron objetivos propios y soberanos definidos a partir de la superación del viejo respice polum del expresidente conservador Marco Fidel Suárez (1918-1921), quien subordinó la diplomacia colombiana a los intereses definidos por Estados Unidos. En cambio, Petro llamó a una “revolución abierta al mundo” rescatando el planteamiento de Carlos Pizarro —excomandante del M-19— de un cosmopolitismo para el siglo XXI basado en la concepción geoestratégica bolivariana.

El liderazgo internacional de Petro logró apoyos suficientes para que en 2026 Colombia asumiera la presidencia pro tempore de organismos multilaterales como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Alianza del Pacífico (AP) o la Comunidad Andina de Naciones (CAN).

También destacaron logros diplomáticos en organismos multilaterales como la organización de la COP 16 sobre biodiversidad en Cali y de la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles en Santa Marta, la elección para participar por primera vez en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y la ruptura del “Consenso de Viena” que abrió la puerta a una revisión crítica a nivel mundial de la política de drogas.

Una nueva diplomacia

El desarrollo de este liderazgo global implicó una transformación institucional profunda del Ministerio de Relaciones Exteriores con el objetivo de democratizar, descolonizar e independizar el servicio exterior, históricamente sujeto a poderosos intereses privados y extranacionales.

Lideresas indígenas y comunitarias, jóvenes dirigentes progresistas, académicas críticas, exmilitantes del M-19 y exministros/as, fueron integrados al servicio exterior de Colombia. Esto provocó una guerra jurídica, ejecutada por una articulación entre medios corporativos, congresistas de la ultraderecha y poderes fácticos enquistados en la carrera diplomática, que derivó en la suspensión de nombramientos en países estratégicos para Colombia como México, Estados Unidos y Canadá.

El móvil narrativo de dicha guerra fue la promoción de una supuesta profesionalización del servicio exterior. Lo cierto es que los cuadros diplomáticos de Petro fueron determinantes para objetivos estratégicos de su política exterior: el restablecimiento de la relación diplomática entre Colombia y Venezuela, la reapertura de su respectiva frontera y la creación de nuevos consulados en zonas de frontera críticas; la creación de un eje diplomático con México que resultó en la creación de la Agencia de Medicamentos Latinoamericana y del Caribe (AMLAC); el intercambio de ayuda humanitaria en situaciones humanitarias críticas, el manejo de crisis exitoso en torno a la gestión de los flujos migratorios hacia Estados Unidos; la reapertura de las relaciones con Haití luego del magnicidio de su expresidente Jovenel Moïse —con participación de mercenarios y diplomáticos de carrera colombianos—; la formación de redes de diplomacia científica junto a la diáspora colombiana y la superación diplomática de los embates unilaterales de Donald Trump, entre otros.

Petro fortaleció el servicio exterior como ningún otro gobierno: además de la apertura de 10 nuevas misiones permanentes en países de África, el Caribe y Asia y 21 nuevos consulados, 2026 fue el año en que más cupos se abrieron en la historia de la Academia Diplomática Colombiana (60 en total, completando 194 cupos). Aumentó el ingreso de los estudiantes de la carrera diplomática en un 81,82% después de casi una década de estancamiento, y se creó la Academia Diplomática Popular. Al final del gobierno incluso los medios corporativos tuvieron que reconocer, a partir de datos de Diplomacia Abierta, que el 54% de los nombramientos del gobierno Petro fueron de diplomáticos de carrera.

La proyección global del liderazgo de Petro responde a su compromiso de vida. El dirigente progresista que este 7 de agosto dejará la presidencia alcanzó los corazones justos porque cambió a Colombia y jugó como jefe de Estado un papel crucial en la lucha por un mundo digno y en paz. Diario Red milita desde el periodismo en esa lucha; así que allí nos estaremos viendo, compañero presidente.

Fotografía: Diario Red

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