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El don de la manipulación

En el año 2000 se estrenó “Lo que piensan las mujeres”, una película protagonizada por Mel Gibson. Su personaje es un hombre machista que después de sufrir un accidente, adquiere la capacidad de escuchar los pensamientos de las mujeres. Ese don le permite conocer sus preocupaciones, anticipar sus reacciones y encontrar la manera de seducirlas.

Precisamente en esa capacidad de conocer nuestros intereses, interpretar nuestros comportamientos y anticipar nuestras reacciones reside buena parte del valor de las redes sociales. Lo que en la película era un don extraordinario, en el mundo digital se ha convertido en un recurso económico y político de enorme valor.

En 2016 el escándalo de Cambridge Analytica reveló hasta dónde podía llegar la utilización de datos personales en las campañas electorales; mediante técnicas de perfilamiento y microsegmentación, identificó las preferencias, los temores y las preocupaciones de distintos grupos de votantes para dirigirles mensajes políticos personalizados, incluidos sectores indecisos.

Esta estrategia estuvo vinculada con la campaña presidencial de Donald Trump en Estados Unidos y con el debate sobre el Brexit en Reino Unido.

“El escándalo de Cambridge Analytica reveló hasta dónde podía llegar la utilización de datos personales en las campañas electorales; mediante técnicas de perfilamiento y microsegmentación”.

Más tarde se reveló que los datos de hasta 87 millones de usuarios de Facebook llegaron a Cambridge Analytica sin un consentimiento y en 2019, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos impuso a Facebook una multa de 5 mil millones de dólares por violaciones relacionadas con la privacidad de sus usuarios.

La proliferación de granjas de bots, la amplificación artificial de mensajes, la explotación de los algoritmos y los ataques contra cuentas de figuras políticas forman parte de la nueva estrategia de la derecha.

Ya no se trata únicamente de dirigir publicidad a determinados segmentos de la población sino imponer tendencias, amplificar narrativas y callar voces mediante acciones coordinadas. Ya no es solamente quién tiene más dinero para hacer campaña.

También importa quién dispone de más información sobre la ciudadanía, quién puede experimentar con millones de mensajes y quién controla los canales por los que circulan.

Un ejemplo reciente se observa en Brasil, donde la campaña de Lula denunció las restricciones algorítmicas que limitaron la visibilidad de sus publicaciones, mientras cuentas vinculadas a su adversario Flávio Bolsonaro habrían recibido mayor exposición.

El Tribunal Superior Electoral pidió explicaciones a Meta y la empresa negó favorecer a una candidatura pero después de esta denuncia los mensajes a favor de Lula se multiplicaron a millones, lo que terminó por confirmar que Meta intervino en la primera vuelta. 

Las denuncias de la abogada boliviana Nadia Beller pone en la mira otra línea de intervención a través de Fernando Cerimedo con Donald Trump Jr. y Brad Parscale, exasesor de las campañas de Donald Trump.

Estas revelaciones plantean interrogantes sobre los vínculos entre consultores políticos, el entorno MAGA y las grandes plataformas tecnológicas, donde ahora se manipula a partir del conocimiento que solo los dueños de Meta tienen posibilidad de conocer.

Lo que paso con Abelardo de la Espriella en la primera vuelta en Colombia donde la derecha estaba dividida y ninguna encuesta lo favorecía, pero mágicamente en la segunda vuelta alcanzó el triunfo, no tiene una explicación clara y lo mismo aparece en Honduras, en Argentina y en Perú.

Se tendría que hacer una radiografía forense de estos procesos electorales para entender el comportamiento atípico en las últimas elecciones de este año porque si una empresa puede conocer nuestros comportamientos, segmentar nuestros intereses y determinar qué mensajes reciben millones de personas, necesitamos garantías de que ese poder no se utilizará para alterar las condiciones de la competencia política.

Estamos viviendo la tan temida manipulación a través de la inteligencia artificial, el futuro ya nos alcanzó. Frente a este escenario la respuesta de los brasileños ha sido sensacional, saliendo por millones a las calles, tocando casa en casa y con el voz en voz que es como se puede luchar y enfrentar al tecnofascismo, porque solo el pueblo puede salvar al pueblo.

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