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Cuba no es una amenaza

Cuba no está sola; está acompañada por la comunidad internacional. Y eso, para Washington, es la peor derrota

Pese a los esfuerzos descomunales de Estados Unidos por intimidar y chantajear a la comunidad internacional, la Asamblea General de la ONU ha vuelto a condenar, de forma contundente, el embargo contra Cuba: 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones. Es la trigésima cuarta vez que la Asamblea se pronuncia contra el bloqueo. Y es, también, la trigésima cuarta vez que Washington pierde.

El resultado es inequívoco. Estados Unidos desplegó todo su arsenal de amenazas, chantajes y presiones diplomáticas —aranceles, restricciones de visados, ruptura de relaciones— para conseguir que más países votaran en contra o se abstuvieran. Y el saldo es un rotundo fracaso. La mayor potencia del planeta no pudo doblegar a la comunidad internacional. Cuba, una isla pequeña y asediada, volvió a ganar. No por su fuerza económica ni militar, sino por la fuerza de la razón. Porque el bloqueo es ilegal, criminal y contrario al derecho internacional. Y el mundo lo sabe.

Cabe destacar, sin embargo, lo vergonzoso del papel de varios países latinoamericanos que han roto con una larga tradición diplomática para exhibir su sumisión a Trump. Ecuador, cuya subordinación a Washington ya no sorprende a nadie, es uno de ellos. Este año, lamentablemente, también Colombia. Países que durante décadas defendieron la soberanía de los pueblos y la autodeterminación hoy se pliegan a los intereses del imperio. No es una decisión soberana: es una claudicación. Y la historia los juzgará por ello.

En Europa, también, varios países que durante años votaron a favor de esta resolución optaron esta vez por abstenerse, en medio de las presiones y amenazas de Trump y Rubio. Vaya demostración de autonomía estratégica europea. La Unión Europea, que se llena la boca hablando de derechos humanos y multilateralismo, se pliega ante Washington cuando el costo político es alto. Su abstención no es neutralidad: es complicidad. Y es, también, una muestra de la hipocresía que caracteriza a quienes dicen defender el orden internacional mientras lo abandonan cuando les conviene.

Pero el resultado global es claro. De poco sirvieron las amenazas. De poco sirvió el lobby clandestino en la sede de la ONU, la extorsión a países vulnerables, la presión sobre aliados históricos. Estados Unidos no logró su objetivo. Y Cuba, una vez más, demostró que la dignidad no se negocia. El fin del ilegal y criminal embargo contra Cuba sigue siendo una de las demandas más clamorosas de la comunidad internacional en nuestra era. Y mientras Washington insista en mantenerlo, seguirá perdiendo. No solo votos en la ONU. También credibilidad, prestigio y legitimidad.

¿Cuánto más podrá Estados Unidos sostener una política que el mundo entero repudia? La respuesta, a juzgar por el resultado de esta votación, es que cada vez menos. El imperio se queda solo y Cuba no está sola, está acompañada por la comunidad internacional. Y eso, para Washington, es la peor derrota.

Fotografía: Diario Red

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