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Día de la Resistencia

Frente a los avances de las derechas, rememorar los cinco siglos de resistencia de nuestros pueblos y de nuestra Abya Yala es una obligación

El 12 de octubre de 1992, cuando se cumplían 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a América, cientos de indígenas tsotsiles, tseltales, choles y tojolabales llegaron hasta la estatua del colonizador Diego de Mazariegos y Porres, instalada frente al Templo de Santo Domingo (y ex Convento de los Dominicos) en San Cristóbal de las Casas.

Armados con palos y piedras, los manifestantes arrancaron de sus cimientos la efigie del “fundador” de la ciudad (entonces llamada Villa Real de los Españoles) y de Villa Real de Chiapa (hoy Chiapa de Corzo). Al colonizador de bronce lo derribaron, le quitaron los pies, las manos y la cabeza. Nada que no hubiera hecho él con indígenas vivos cuando los convirtió en esclavos.

Los indígenas mayas protestaron así contra cinco siglos de despojo y opresión colonial. Este acto es considerado como un antecedente directo de la organización que derivaría, poco más de un año después, en el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Casi 30 años después, el 16 de septiembre de 2020, indígenas Misak derribaron la estatua de Sebastián de Belalcázar en Popayán, capital del departamento de Cauca, en Colombia. La estatua estaba emplazada en el Morro de Tulcán, un cerro que cubre una pirámide que fue un antiguo cementerio del pueblo Pubenense. Los Misak señalaron a Belalcázar como responsable de la esclavitud, el exterminio y el despojo de tierras de los pueblos indígenas en la región.

Al colonizador Mazariegos de bronce lo derribaron, le quitaron los pies, las manos y la cabeza. Nada que no hubiera hecho él con indígenas vivos cuando los convirtió en esclavos.

Un segundo monumento dedicado a Belalcázar fue derribado en Cali, el 28 de abril de 2021, en el contexto del Paro Nacional. Por esos días cayeron varias estatuas: Gonzalo Jiménez de Quesada en Bogotá; Colón en Barranquilla (también fue decapitado como Mazariegos); mientras que en Bogotá el Ministerio de Cultura optó por retirar preventivamente estatuas de Colón e Isabel la Católica.

Lo mismo que había pasado en México, en octubre de 2020: ante la protesta convocada para derribar la estatua de Colón ubicada en Paseo de la Reforma, el gobierno mexicano retiró la estatua de bronce para “restaurarla”, pero Colón no regresó a Paseo de la Reforma. En su lugar, la glorieta de Paseo de la Reforma fue renombrada por colectivos feministas como la Glorieta de las Mujeres que Luchan.

Durante casi 100 años, la conmemoración del 12 de octubre fue impuesta para honrar el mestizaje y lavarle la cara a la invasión europea en América.

Comenzó a celebrarse de forma oficial en América a principios del siglo XX, cuando se dio forma a la idea de celebrar una “Fiesta de la Raza” para recordar el “descubrimiento de América”.

En México, la celebración fue oficializada en 1929 tras una propuesta de José Vasconcelos. Le llamaron Día de la Raza, un término acuñado para “celebrar la identidad mestiza” y “el contacto cultural inicial”.

Durante casi 100 años la conmemoración del 12 de octubre fue impuesta para honrar el mestizaje y lavarle la cara a la invasión europea en América.

Y en España, desde 1918, se instaló como Fiesta Nacional lo que durante el franquismo pasó a denominarse “Fiesta de la Hispanidad” y que, según la ley de 1987, recuerda “un momento en el que España comenzó una etapa de expansión cultural y lingüística fuera de Europa”.

Esa “expansión cultural y lingüística” provocó —entre epidemias, esclavitud y el colapso de los sistemas agrícolas y culturales— la muerte de entre 40 y 56 millones de personas, casi el 90 % de la población indígena de América, solo en el primer siglo de la Colonia.

Hacia finales del siglo XX, el “descubrimiento” ya no era sostenible. Desde 1977, en la II Cumbre del Consejo Mundial de Pueblos Indígenas, el líder aimara boliviano Takir Mamani había propuesto adoptar el término de Abya Yala, un nombre Guna para nombrar a quienes habitan la parte continental del Caribe. Y poco a poco, los pueblos comenzaron a utilizarlo como una forma de resistencia anticolonial al nombre impuesto de América.

Comenzó a popularizarse entonces el eufemístico concepto de “Encuentro de Dos Mundos”. Pero los pueblos ya no estaban dispuestos a lavarle la cara a la invasión y el genocidio europeo en América. La irrupción del EZLN, el 1 de enero de 1994, terminó por colmar el plato.

Lo que en España sigue siendo el Día de la Hispanidad, un día feriado, con desfiles militares y reyes, en México es desde 2020, por decreto presidencial, el Día de la Nación Pluricultural. En Venezuela y Nicaragua es el Día de la Resistencia Indígena; en Bolivia, Día de la Descolonización; en Perú, Día de los Pueblos Originarios; en Ecuador, Día de la Interculturalidad; en Colombia, Día de la Diversidad Étnica y Cultural; en Argentina, Día del Respeto a la Diversidad Cultural.

Esa “expansión cultural y lingüística” provocó —entre epidemias, esclavitud y el colapso de los sistemas agrícolas y culturales— la muerte de entre 40 y 56 millones de personas, casi el 90 % de la población indígena de América, solo en el primer siglo de la Colonia.

Todas son reivindicaciones de una historia de racismo que no terminó con las guerras de independencia, sino que se perpetuó más de 200 años en las estructuras institucionales del “nuevo” continente.

Es verdad que en el mundo todavía quedan muchos nostálgicos del siglo XV, como la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien en enero de 2025 participó junto al alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, en la reinstalación de la estatua de Francisco Pizarro en el centro de Lima, con motivo del 490 aniversario de la fundación de la ciudad.

La misma Díaz Ayuso que en mayo pasado intentó repetir la fórmula en México y homenajear a Hernán Cortés, reivindicar la conquista y el mestizaje junto al productor Nacho Cano. Pero los pueblos ya no son los mismos y no están dispuestos a volver a ser esclavos, ni de los rancios monárquicos, ni de los yanquis, ni de nadie.

Hoy, frente a los avances de las derechas y los deseos imperiales de recolonizar el continente, rememorar los cinco siglos de resistencia de nuestros pueblos y de nuestra Abya Yala es una obligación. Y que lo piensen bien los neofascistas y colonizadores antes de terminar como Mazariegos y Belalcázar.

Fotografía: Diario Red

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