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Israel, la guerra silenciosa

Esa es, probablemente, una de las disputas geopolíticas más importantes que marcarán el futuro de América Latina

De manera silenciosa pero constante, Israel va ampliando su presencia en América Latina y el Caribe. Su presencia no comenzó con el genocidio en Gaza ni con la guerra en Asia Occidental. Desde la década de 1970 comenzó a construir una relación cada vez más estrecha con distintos gobiernos de la región, invirtiendo recursos para conocer el territorio, tejer redes de influencia y consolidar estructuras de organización apoyadas, en buena medida, en organizaciones religiosas.

Diversas investigaciones han documentado que su vínculo con las dictaduras del Plan Cóndor no se limitó al respaldo diplomático o a la venta de armamento, sino que también incluyó la capacitación de fuerzas militares y grupos paramilitares en tácticas de contrainsurgencia. Paralelamente, fue fortaleciendo una amplia red de relaciones políticas y religiosas, particularmente a través del crecimiento del movimiento evangélico sionista, que hoy constituye uno de sus principales canales de influencia en el continente.

Durante décadas, ha fortalecido su capacidad de acceso a información estratégica y su margen de influencia sobre gobiernos, legisladores, medios de comunicación y otros actores sociales, mientras desarrolla sofisticados sistemas de inteligencia y vigilancia respaldados por algunos de los grupos económicos y tecnológicos más poderosos del mundo.

En los últimos años, su poder ha adquirido una nueva dimensión mediante los llamados Acuerdos de Isaac, una iniciativa que busca profundizar la cooperación política, económica y de seguridad entre Israel y diversos países del continente americano. El propio Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina los define como “un nuevo marco estratégico destinado a fortalecer la cooperación entre Argentina, Israel y socios afines en el Hemisferio Occidental”.

Ese es el contexto mediante el cual, entre el 28 y el 30 de junio pasados, se celebró la Conferencia de Presidentes de América Latina, organizada por la Fundación Israel Allies (IAF), en coordinación con los Amigos Americanos de los Acuerdos de Isaac (AFOIA), pertenecientes a la Fundación del Premio Génesis. El encuentro reunió a más de veinte legisladores, embajadores, líderes religiosos y figuras políticas de Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador, Colombia, Honduras, Chile, Costa Rica, Guatemala, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Panamá.

Uno de los principales resultados de la conferencia fue impulsar que más países latinoamericanos reconozcan a Jerusalén como la capital indivisa de Israel y trasladen allí sus embajadas, una decisión que los organizadores consideran un elemento central para la adhesión a los Acuerdos de Isaac. Además, se promovió la adopción de la definición de antisemitismo elaborada por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA), así como el fortalecimiento de mecanismos de cooperación legislativa en materia de terrorismo, extremismo e inteligencia.

El objetivo declarado de esta agenda consiste en profundizar la coordinación regional frente a “organizaciones terroristas”, poniendo especial atención en los intentos atribuidos a Irán por ampliar su presencia política y sus redes operativas en el Hemisferio Occidental.

En otras palabras, su enemigo estratégico ha cambiado. Ya no es la Unión Soviética, como ocurrió durante los primeros años de la Guerra Fría, ni los países árabes vecinos; hoy ese lugar parece haber sido ocupado preponderantemente por Irán.

En ese contexto debe entenderse nuevamente la cada vez más evidente presencia de Israel en América Latina y, muy notoriamente, con las nuevas derechas que están ocupando espacios de gobierno, así como la restauración de relaciones diplomáticas con países que habían denunciado el genocidio en Gaza y también las protestas que ha generado en México el acuerdo hídrico del Gobierno de Chihuahua con el Estado de Israel.

América Latina y el Caribe son escenario de una batalla que trasciende los modelos económicos disputados en el siglo XX y que ha trasladado su objetivo a la hegemonía política, tecnológica, cultural y civilizatoria. El binomio Estados Unidos-Israel, confrontado el primero con China y ahora con Irán, confronta dos visiones del orden internacional: una que privilegia la proyección del poder, el control de recursos estratégicos y la expansión de sus alianzas de seguridad, incluso por encima de la soberanía de otros Estados; y otra que reivindica el principio de autodeterminación, el respeto al derecho internacional y la construcción de un equilibrio multipolar surgido tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Esa es, probablemente, una de las disputas geopolíticas más importantes que marcarán el futuro de América Latina.

Fotografía: Diario Red

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