A escasas semanas de las elecciones de medio término que definirán el control del Congreso de Estados Unidos, el Partido Republicano ha decidido desplegar sus últimas cartas de desesperación. Ante la caída en picada de la aprobación del gobierno de Donald Trump, impulsada por el malestar ciudadano frente al elevado costo de vida y una costosa política exterior volcada al intervencionismo, la cúpula republicana recurre al viejo libreto anticastrista para revitalizar a su base electoral en el sur de Florida.
La jugada judicial promovida por James Uthmeier, fiscal general de Florida, refleja las últimas bocanadas electorales del trumpismo. Reconocido por su perfil de “guerrero cultural” republicano, Uthmeier anunció con bombos y platillos una orden de arresto estatal contra el expresidente cubano Raúl Castro, quizás la última figura más importante de la revolución roja del 59. La acusación revive el episodio de 1996 sobre el derribo de las avionetas del grupo Hermanos al Rescate. Se trata de un suceso sobre el cual la historia y el derecho internacional ya se han pronunciado: una respuesta militar ante reiteradas violaciones del espacio aéreo cubano que amenazaban la seguridad nacional de la isla en pleno apogeo de las presiones de Washington tras la caída del Muro de Berlín.
Resucitar judicialmente este hecho tres décadas después no responde a una genuina búsqueda de justicia, sino a la estrategia de “máxima presión” de Estados Unidos sobre la isla y a un cálculo electoralista burdo. A Raúl Castro ya lo han juzgado la historia y el propio pueblo cubano en su lucha por salvaguardar su soberanía. El intento de encausarlo hoy en Miami no es más que una escenografía partidista orientada a movilizar el voto anticastrista tradicional ante una debacle que los sondeos anticipan. “Un patético circo miamero”, como bien dijo Miguel Díaz-Canel.
Las cifras son aplastantes para la agenda republicana. Encuestas recientes como las de NBC News y SurveyMonkey muestran que el 71 % de los adultos en Estados Unidos considera que el país avanza en la dirección equivocada, mientras un 58 % afirma que las medidas del gobierno actual perjudican activamente la economía nacional. La intención de voto otorga a los candidatos demócratas una clara ventaja de ocho puntos entre los votantes probables (52 % frente a 44 %), impulsada por una ciudadanía exhausta en la que el 70 % percibe la situación interna «fuera de control».
En este escenario, la política exterior estadounidense vuelve a quedar supeditada a las necesidades domésticas más inmediatas. Si bien la injerencia de Washington busca condicionar de forma habitual la vida política de América Latina y el Caribe, la región hoy observa con detenimiento cómo la agitación y la decadencia de la política interna estadounidense abren la posibilidad de debilitar la agenda intervencionista del norte. La arremetida contra La Habana no evidencia una fortaleza imperial; expone, más bien, la desesperación de un imperio añorante que, ante la falta de argumentos, recurre a la agitación para no mostrar su debilidad.
Fotografía: Diario Red












