Estados Unidos completará este 30 de septiembre la retirada de sus fuerzas de las últimas bases que mantiene en Irak, con lo que cerrará una etapa de presencia militar iniciada con la invasión estadounidense de 2003 y prolongada, con una interrupción, durante más de dos décadas.
La salida se concretará como parte del acuerdo alcanzado entre Washington y Bagdad en 2024, durante la administración de Joe Biden, cuya fase final corresponde ahora al gobierno de Donald Trump. Aproximadamente 4 mil 500 militares estadounidenses murieron durante las operaciones desarrolladas en Irak desde 2003.
El retiro también representa un cambio importante en el equilibrio regional. Especialistas iraquíes consideran que Irán podría fortalecer su posición estratégica después de la salida estadounidense, debido a que desaparece una presencia militar que durante años funcionó como contrapeso a la influencia de Teherán dentro de Irak.
Organizaciones iraquíes cercanas a Irán han celebrado el retiro como un triunfo después de años de presión para terminar con la presencia militar extranjera. Algunos analistas consideran que estos grupos podrían aprovechar el nuevo escenario para incrementar su participación en decisiones políticas y de seguridad, mientras Teherán amplía su margen de influencia sobre uno de sus principales vecinos.
Desde Irán, integrantes de su Parlamento también han respaldado la salida y han planteado que Irak podrá avanzar hacia un esquema de seguridad con menor presencia de fuerzas extranjeras.
EU regresó a Irak después de retirarse en 2011
Estados Unidos invadió Irak en 2003 para derrocar al gobierno de Saddam Hussein y permaneció en el país durante años. Las fuerzas estadounidenses abandonaron formalmente territorio iraquí en 2011, pero regresaron en 2014, cuando Estado Islámico conquistó amplias regiones de Irak y Siria.
Desde entonces, Washington proporcionó entrenamiento, inteligencia y apoyo militar a las fuerzas iraquíes durante la campaña contra el grupo extremista.
La salida de las últimas bases abre ahora una etapa en la que Irak asumirá una mayor responsabilidad sobre su seguridad y soberanía, al mismo tiempo que deberá administrar su relación con Irán, país con el que mantiene profundos vínculos políticos, económicos y religiosos.
Para Teherán, la retirada supone la desaparición de una presencia militar estadounidense cercana y una oportunidad para consolidar su influencia en Irak y reforzar su posición regional.
Fotografía: Redes












