Estados Unidos amplió nuevamente su ofensiva militar contra Irán con bombardeos dirigidos contra puentes, equipos eléctricos y una torre ubicada en el estratégico puerto de Chabahar, en una escalada con la que el Gobierno de Donald Trump pretende obligar a Teherán a disminuir su control sobre el estrecho de Ormuz. La operación representó la sexta noche consecutiva de ataques estadounidenses sobre territorio iraní.
Los bombardeos alcanzaron infraestructura carretera y ferroviaria en la provincia de Hormozgán, donde las autoridades iraníes reportaron al menos siete personas muertas. El ataque habría buscado dificultar la conexión de Bandar Abbas, el puerto más importante del país, con las regiones centrales de Irán, afectando rutas utilizadas tanto para actividades militares como para el transporte de productos destinados a una población de alrededor de 90 millones de habitantes.
Washington también confirmó la destrucción de una torre en el puerto de Chabahar, infraestructura que Irán señaló como parte del sistema encargado de supervisar el tránsito comercial. El Comando Central estadounidense aseguró que la estructura era utilizada por la Guardia Revolucionaria para coordinar operaciones marítimas, pero la nueva ofensiva volvió a colocar instalaciones civiles, comerciales y energéticas dentro del campo de batalla.
Washington escala la guerra y el agua potable queda bajo fuego
En respuesta, Irán lanzó misiles contra Qatar, Baréin y Kuwait, países que mantienen vínculos militares o políticos con Estados Unidos. Uno de los proyectiles impactó una planta de generación eléctrica y desalinización en Kuwait, donde provocó un incendio y dañó diversas unidades. El ataque expuso la fragilidad hídrica de una nación que obtiene cerca del 90 por ciento de su agua potable mediante la desalinización del agua de mar.
La ofensiva iraní ocurrió después de que Estados Unidos e Israel iniciaran la guerra el 28 de febrero y de que el alto el fuego provisional alcanzado semanas atrás comenzara a derrumbarse. Desde entonces, los ataques estadounidenses han dejado, según el Ministerio de Salud iraní, al menos 38 personas muertas y más de 400 heridas, mientras Teherán ha extendido sus represalias hacia países que albergan fuerzas o instalaciones vinculadas con Washington.
La disputa por el estrecho de Ormuz ya tiene repercusiones internacionales. El tránsito marítimo cayó a solo ocho embarcaciones en una jornada, mientras el petróleo superó los 86 dólares por barril. La estrategia de Trump para doblegar a Irán mediante bombardeos y un bloqueo naval está convirtiendo puentes, puertos, redes eléctricas y plantas de agua en objetivos de guerra, con consecuencias que amenazan directamente a millones de civiles en todo el Golfo.
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