Marco Rubio llama a construir una “nueva Cuba” propuesta por Trump y La Habana lo acusa de intereses revanchistas

Bruno Rodríguez sostuvo que Washington intenta ocultar el impacto del bloqueo económico y del cerco energético contra Cuba

El cruce diplomático entre Estados Unidos y Cuba escaló este miércoles luego de que Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense, llamara a los cubanos en la isla a construir una “nueva Cuba” bajo la propuesta política de Donald Trump. El mensaje, difundido en video con motivo del 20 de mayo, fue leído en La Habana como una nueva ofensiva de Washington en medio de sanciones, presiones económicas y un discurso cada vez más directo contra el gobierno cubano. La respuesta llegó por parte del canciller Bruno Rodríguez, quien acusó a Rubio de repetir una narrativa revanchista ligada a sectores del exilio cubano en Florida.

Rubio aprovechó la fecha reivindicada por parte del exilio cubano como Día de la Independencia para dirigir un mensaje a la población de la isla. El funcionario sostuvo que los cubanos atraviesan una crisis profunda marcada por apagones, falta de combustible, escasez de alimentos y deterioro económico, pero atribuyó esa situación principalmente al control político y empresarial de las élites militares cubanas. Según su planteamiento, el problema central no estaría sólo en las condiciones externas, sino en una estructura interna que concentra privilegios y bloquea oportunidades para la ciudadanía.

En ese sentido, el secretario de Estado centró sus críticas en Gaesa, el conglomerado empresarial vinculado a las Fuerzas Armadas cubanas. Rubio señaló que esa estructura habría acumulado poder económico mientras la población enfrenta dificultades cotidianas cada vez más severas, y presentó la propuesta de Trump como una alternativa para modificar la relación entre Washington y La Habana. Su mensaje planteó una apertura económica en la que, según dijo, los ciudadanos comunes puedan participar en actividades productivas sin depender de los sectores controlados por el Estado o por mandos militares.

La respuesta del gobierno cubano fue inmediata y estuvo encabezada por el canciller Bruno Rodríguez, quien rechazó los señalamientos de Rubio y lo acusó de actuar como portavoz de intereses corruptos y revanchistas. Rodríguez afirmó que Washington intenta responsabilizar al gobierno cubano de los daños que, desde la perspectiva de La Habana, provoca el bloqueo económico y el cerco energético estadounidense. También cuestionó que Estados Unidos hable de ayuda o de una nueva vía para Cuba mientras mantiene sanciones que afectan el acceso a recursos, comercio y combustible.

El canciller cubano también puso el acento en la carga histórica del 20 de mayo, fecha que el gobierno de la isla no conmemora como independencia plena. Para La Habana, ese día representa el inicio de una república condicionada por Estados Unidos, marcada por la Enmienda Platt y por un esquema de subordinación política que permitió la intervención estadounidense en asuntos internos cubanos. Rodríguez sostuvo que el presente y el futuro de Cuba deben entenderse desde la independencia y la soberanía, no desde un regreso a fórmulas neocoloniales.

El intercambio ocurre en un momento de renovada tensión entre ambos países, con Washington endureciendo su discurso contra La Habana y con Cuba denunciando el impacto de las sanciones sobre su población. La disputa exhibe dos lecturas enfrentadas sobre la crisis cubana: Estados Unidos la atribuye al modelo político interno y al poder de las élites militares, mientras Cuba responsabiliza al bloqueo, al cerco energético y a la presión histórica de Washington. En ese choque de narrativas, la crisis cotidiana del pueblo cubano vuelve a quedar en el centro de una confrontación geopolítica de larga duración.

Foto: Redes

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