La guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá sumó este martes un nuevo episodio luego de que el gobierno de Donald Trump anunciara la prohibición de importar algunos productos canadienses y nuevos aranceles para otras mercancías.
La medida responde a las sobretasas que Canadá comenzó a aplicar a productos estadounidenses, en una disputa que profundiza la tensión entre dos países con una fuerte dependencia económica mutua. Alrededor de 60 por ciento de las importaciones canadienses provienen de Estados Unidos, mientras que cerca de 70 por ciento de sus exportaciones tienen como destino ese mercado.
El nuevo decreto estadounidense entrará en vigor el 29 de septiembre y contempla la prohibición de importar bebidas alcohólicas, lactosuero y motocicletas con motores superiores a 800 centímetros cúbicos.
Washington también estableció una sobretasa de 50 por ciento para productos como colchones, lanchas de motor y carritos de golf, medida que comenzará a aplicarse el 15 de septiembre.
Canadá responde a los aranceles de Trump
Ottawa comenzó este martes a aplicar aranceles de 15, 25 y 50 por ciento a distintas importaciones estadounidenses, entre ellas acero, productos lácteos, artículos electrónicos y pulpa de papel.
El gobierno canadiense sostiene que estas medidas responden a los recargos impuestos por Washington desde el 22 de agosto. El primer ministro Mark Carney reconoció que reducir la dependencia comercial de Estados Unidos tendrá consecuencias económicas, pero defendió la necesidad de modificar esa relación.
“Siempre hay un costo cuando se actúa. Pero no se acerca al costo de quedarse inmóviles”, afirmó Carney.
La confrontación también alcanza al sector empresarial. Trump amenazó con restringir la participación de compañías canadienses en un programa de compras públicas estadounidense que podría representar hasta 50 mil millones de dólares anuales.
Además, el presidente estadounidense advirtió sobre posibles medidas contra Bombardier, fabricante aeronáutico que emplea a más de mil personas en Kansas. La amenaza genera un escenario particularmente complejo porque las represalias comerciales también pueden afectar a trabajadores y empresas estadounidenses vinculados con compañías canadienses.
Una relación económica cada vez más tensa
La disputa ocurre mientras Canadá intenta reducir su vulnerabilidad frente a su principal socio comercial. Para Ottawa, el conflicto no sólo representa una discusión arancelaria, sino también un desafío para diversificar sus vínculos económicos y disminuir su dependencia del mercado estadounidense.
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