El exvicepresidente de España y director de Diario Red, Pablo Iglesias, advirtió que los recientes posicionamientos de Ricardo Salinas Pliego no deben leerse como simples excesos verbales, sino como mensajes lanzados desde una posición de poder económico, político y mediático. En su análisis, cuando un empresario con capacidad de amplificación pública llama a endurecer la movilización contra la izquierda, el problema deja de ser solo discursivo y se convierte en una advertencia sobre los límites de la democracia.
El caso de Salinas Pliego, planteó, revela una disputa mayor: la de actores económicos que utilizan su influencia para intervenir en el debate público, desafiar la legalidad y empujar narrativas contra gobiernos progresistas. Desde esa posición, cualquier llamado a abandonar la protesta pacífica adquiere una dimensión política mayor, porque no proviene de un ciudadano aislado, sino de un empresario multimillonario, propietario de medios de comunicación y figura activa de la oposición.
Iglesias sostuvo que cuando un actor con ese nivel de influencia plantea que las manifestaciones pacíficas no sirven y que se debe recurrir a formas más rudas o no pacíficas de presión, en realidad sugiere acciones de tipo insurreccional. En su lectura, ese mensaje abre la puerta a métodos abiertamente ilegales si la izquierda no puede ser desplazada mediante elecciones.
El director de Diario Red explicó que cualquier persona que incumple la ley conoce las consecuencias posibles de sus actos. Sin embargo, cuestionó qué ocurre cuando quien convoca a desafiar la legalidad es un multimillonario con capacidad de amplificar su discurso a través de medios de comunicación. Por ello, advirtió que los grandes empresarios y dueños de medios no pueden actuar como si tuvieran “patente de corso” para llamar a la insurrección o al incumplimiento de la ley.
Ayuso, la derecha española y la ofensiva internacional contra México
Iglesias también vinculó el papel de Salinas Pliego con una articulación más amplia de la ultraderecha internacional. Al hablar de figuras como Isabel Díaz Ayuso y Cayetana Álvarez de Toledo, señaló que estos liderazgos no deben subestimarse, incluso cuando cometen errores políticos evidentes, como ocurrió durante la visita de Ayuso a México.
De acuerdo con el exvicepresidente español, Ayuso calculó mal al reivindicar una lectura colonial de Hernán Cortés en territorio mexicano, lo que terminó golpeando elementos centrales de la conciencia nacional del país. En su análisis, la dirigente española trasladó a México un discurso que puede funcionar en ciertos círculos ultraconservadores de España, pero que en territorio mexicano produjo rechazo por su carga histórica.
Sin embargo, Iglesias advirtió que no conviene quedarse únicamente en la burla o en el ridículo público de ciertos personajes. Detrás de esas expresiones, señaló, existe una red con recursos económicos, medios de comunicación, plataformas digitales y respaldo político internacional. Por eso, aunque Ayuso haya salido debilitada de su visita, la ultraderecha conserva capacidad de reorganización y penetración social.
En ese contexto, sostuvo que Salinas Pliego no actúa de manera improvisada al rodearse de figuras de la derecha española o al impulsar proyectos mediáticos afines. Para Iglesias, esas formas de intervención buscan disputar el sentido común en un momento en el que Estados Unidos y la ultraderecha global identifican a México y al gobierno de Claudia Sheinbaum como un objetivo político.
El lenguaje como campo de batalla política
Durante la conversación, Iglesias explicó que la ultraderecha no solo opera mediante partidos, campañas electorales o figuras mediáticas, sino también a través del lenguaje. Conceptos como “libertad”, “democracia”, “autoritarismo” o “narcogobierno” forman parte de una batalla por imponer marcos de interpretación sobre la realidad política.
En ese sentido, sostuvo que repetir una mentira de forma constante puede contribuir a que parezca verdadera ante ciertos sectores sociales. Para Iglesias, la derecha radical ha entendido que la política también se construye a través de palabras que activan emociones, miedos, prejuicios y valores. Por eso, intenta asociar a la izquierda con términos negativos, mientras se apropia de conceptos históricamente ligados a luchas populares, como libertad o rebeldía.
Frente a esa estrategia, el analista planteó que la izquierda debe disputar el significado de la democracia. No basta, dijo, con entenderla como el acto de votar cada cierto número de años. Democracia también implica que la salud, la educación, la vivienda, los derechos sociales y la dignidad no sean privilegios de minorías, sino condiciones reales para las mayorías.
La disputa por las palabras, añadió, también define la jerarquía de los temas públicos. Si la derecha logra imponer sus etiquetas, puede desplazar el debate hacia acusaciones, miedos o campañas de desprestigio, en lugar de discutir derechos, bienestar, salarios, servicios públicos o soberanía.
México, Estados Unidos y la disputa por la narrativa
Iglesias consideró que México representa hoy una excepción en América Latina y en el mundo, debido a que cuenta con un gobierno de izquierda con amplio respaldo electoral y social, en contraste con el avance de proyectos conservadores o autoritarios en otros países. Mencionó los casos de Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador y Daniel Noboa en Ecuador como parte de una tendencia regional preocupante.
También advirtió que Estados Unidos ha asumido una posición cada vez más explícita de intervención sobre procesos políticos en América Latina y en países que considera parte de su zona de influencia. Según su lectura, esa ofensiva ya no opera únicamente de manera encubierta, sino que se expresa abiertamente mediante estrategias de seguridad, presión diplomática, campañas mediáticas y apoyo a fuerzas de derecha.
Hacia el cierre de la entrevista, Iglesias resumió que el poder también consiste en controlar la narrativa. A su juicio, esa es la razón por la que tantos multimillonarios compran medios de comunicación, aunque no sean necesariamente los negocios más rentables. Lo que buscan, explicó, no es solo dinero, sino influencia.
Desde esa perspectiva, sostuvo que los medios y las plataformas digitales son decisivos en las democracias contemporáneas, porque influyen en la forma en que las personas interpretan la realidad y, finalmente, en cómo votan. La advertencia de Iglesias, entonces, no se limita a una polémica con Salinas Pliego: apunta a una disputa más profunda entre democracia, poder económico, medios de comunicación y soberanía política.
Ilustración: Iván Rojas













