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Acosta Naranjo convierte cambio de color del INE en acusación política sin presentar pruebas

El INE permitió finalmente que Somos conservara el rosa después de resoluciones y ajustes relacionados con su identidad gráfica

Guadalupe Acosta Naranjo, dirigente de Somos, escaló la discusión por la nueva identidad visual del INE hasta convertirla en un señalamiento de presunta parcialidad política, luego de cuestionar que el organismo abandonara el rosa para adoptar tonos lila y blanco. El exdirigente perredista vinculó la nueva paleta con colores utilizados por el Gobierno de la Ciudad de México y por el partido PAZ, pero no presentó evidencia de que el rediseño haya sido coordinado con alguna fuerza política.

La polémica comenzó después de que la consejera presidenta Guadalupe Taddei explicó que el INE adoptó el lila tras dejar atrás el rosa, color que durante años identificó al organismo y que ahora también utiliza Somos. Taddei defendió la decisión como una forma de mantener una identidad institucional diferenciada y rechazó que exista relación entre la nueva imagen y la utilizada por el Gobierno capitalino.

Acosta Naranjo respondió asegurando que Somos nunca se apropió exclusivamente del rosa. En este punto existe un antecedente que matiza la explicación del INE: después de un litigio ante el Tribunal Electoral, el Consejo General terminó permitiendo que Somos conservara ese color, siempre que no fuera utilizado de una manera que generara confusión con la identidad institucional. La discusión sobre el emblema y los colores pasó por distintas resoluciones antes de que el partido recibiera autorización para mantener su propuesta cromática.

Sin embargo, el dirigente fue más allá de esa controversia y utilizó la similitud de colores para sugerir que el INE favorece políticamente a Morena, además de incorporar reclamos sobre campañas anticipadas y presuntos vínculos con la delincuencia organizada. Ninguno de esos señalamientos tiene una relación directa con el rediseño gráfico ni Acosta presentó elementos que demostraran que la selección del lila respondiera a instrucciones partidistas o gubernamentales. La coincidencia cromática puede alimentar críticas políticas, pero por sí sola no acredita subordinación ni favoritismo institucional.

El cambio de imagen del INE puede abrir un debate legítimo sobre la conveniencia de abandonar un color que identificó al organismo durante más de dos décadas. Sin embargo, convertir una decisión gráfica en evidencia de parcialidad requiere algo más que asociaciones visuales. Por ahora, el reclamo de Acosta Naranjo exhibe principalmente una disputa política con el árbitro electoral, en momentos en que ya comenzó el proceso federal 2026-2027 y distintos partidos intensifican sus cuestionamientos hacia el Instituto.

Foto: Redes

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